Reformas siglo XX

En las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX continuaron las mejoras para adaptar el sistema de iluminación a los adelantos técnicos que se iban produciendo. Así la lámpara Sautter fue sustituida por otra nueva de la casa Létourneau, con el objetivo de que su luz fuera más fuerte y visible en las noches oscuras de los temporales atlánticos.

Al margen de estas cuestiones técnicas, la Torre, tras la restauración de Giannini empezó a ser conocida y valorada, y especialmente querida para un pueblo como el gallego, con una larga tradición marinera y que desde sus orígenes mantuvo una estrecha relación con ese mar embravecido que asola sus costas y se lleva a sus marineros. En ese contexto, el faro es la luz que orienta el camino y que conduce a puerto, es la imagen del regreso, de la feliz singladura, y por eso se convirtió en un símbolo, en un icono que pasó a formar parte de la memoria colectiva de nuestra sociedad, por eso cuando a finales del siglo XIX y principios del XX, los gallegos se lancen a la emigración en busca de trabajo y de mejores oportunidades, crucen el Atlántico y se dispersen por Latinoamérica, llevarán en sus ligeros equipajes la imagen de la Torre de Hércules, que empieza a brillar con fuerza desde el otro extremo del océano gracias a los artículos que los gallegos publican en revistas de la emigración. No hay una sola de ellas que entre 1890 y 1960 no cuente con un artículo dedicado a la Torre, en donde la morriña y la saudade se hacen evidentes.

Más información sobre Reformas siglo XX [.PDF]