Edad Antigua

Desde el siglo II a. de C., en Hispania, se observa una creciente intensificación de las relaciones comerciales con el noroeste peninsular. La expedición de Décimo Junio Bruto que penetró en la región galaica por el sur, a través de Portugal, es una prueba irrefutable de este intercambio en fechas muy tempranas. En el año 61 a. de C., según Dión Casio, fue el propio Julio César, que se hallaba en Cádiz, quien dirigió la expedición que llegó por mar a Brigantium, (actual A Coruña) con el objetivo de establecer contactos comerciales, que pudieron materializarse en la fundación de un pequeño establecimiento colonial de importancia estratégica en los límites del Imperio.

Obviamente, Brigantium se convirtió en un puerto importante de la retaguardia durante las Guerras Cántabras (29-19 a. de C.), con un papel relevante en la distribución de hombres y materiales para la contienda. Posteriormente, durante la paz de Augusto, se produjo un incremento significativo de las relaciones comerciales que se plasmó en el desarrollo de la estructura viaria y en el incremento del tráfico marítimo, que favorecieron un proceso de profunda romanización. En este contexto, el noroeste peninsular se convirtió en un territorio fundamental en la conquista de Britania y el puerto de Brigantium en uno de los principales puntos de arribada de la vía XX, más conocida como per loca marítima auténtica, en la que se refugiaron las armadas romanas en su camino a la conquista de Britania. Este interés militar justificaría la construcción de un faro de grandes proporciones en la entrada del Golfo Ártabro porque desde Gibraltar hasta Fisterra los navíos navegaban paralelos a la costa, a unas pocas millas del litoral, siguiendo la per loca marítima, pero una vez llegados a Brigantium debían orientar las proas de sus barcos hacia el canal de la Mancha y los territorios del norte, adentrándose en un mar abierto y muy batido en el que perdían el referente de la costa hasta llegar a la Bretaña francesa.

En el siglo V de nuestra era, todavía el faro tenía una importancia muy destacada. El cronista Paulo Orosio, discípulo de San Agustín, señalaba en su obra, la Cosmografía que “el segundo ángulo de Hispania está orientado al norte, donde la ciudad galaica de Brigantia eleva para observación [del mar] de Britania su altísimo faro y digno de mención entre muy pocas cosas”.

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