Valor excepcional

Según se establece en las directrices prácticas para la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial, los bienes que forman parte de la Lista de Patrimonio Mundial tienen que demostrar un valor universal excepcional que los hace diferentes a cualquier otro bien y que justifica el criterio por el que el Comité de Patrimonio Mundial decide inscribirlo. En el caso de la Torre de Hércules, su valor universal excepcional reside en que es:

  • El único faro romano del mundo que se conserva si no completo, sí en más de un 60% y que continúa funcionando en la actualidad.
  • Es, además, un caso paradigmático de una intervención arquitectónica en un monumento de la Antigüedad porque cuando en 1790 Eustaquio Giannini proyectó la restauración de la Torre de Hércules, lo hizo aplicando unos criterios científicos, demostrando un respeto total por la integridad del faro y manteniendo su autenticidad. Por eso, esa intervención, lejos de restarle valor, supone un atractivo más porque demuestra la sensibilidad de los hombres y mujeres del siglo XVIII al intervenir en el patrimonio construido.

Por todo ello, la Torre de Hércules aporta a la humanidad el conocimiento de la evolución de la técnica de señalización marítima desde la época romana hasta nuestros días. Constituye en este sentido un referente excepcional a través del cual se puede estudiar el desarrollo y la evolución de los diferentes sistemas de señalización y de ayuda a la navegación desde los comienzos de nuestra era a la actualidad.