Fanal

El sistema de alumbrado utilizado tras la restauración del faro seguía planteando severas críticas por lo que el Consulado decidió mejorarlo y para ello envió al capitán de navío José de Mendoza a Londres para que se informara de la posibilidad de construir un fanal de reverberos parabólicos giratorios. A finales de 1799, el nuevo sistema llegó a la ciudad. Su alto coste obligó al Consulado a hacer una cuestación popular para sufragar parte de los gastos.

Para colocar el nuevo sistema de iluminación marítima era necesario introducir algunos cambios en el cuerpo de remate de la Torre. Miguel de Hermosilla, el ingeniero comandante del reino, solicitó los servicios de Eustaquio Giannini para que introdujera las reformas pertinentes en el cuerpo de remate. Básicamente esas modificaciones consistieron en desmontar la cúpula y asentar sobre esos muros la base para un fanal de 3,20 m. de diámetro.

Los grandes ventanales de la linterna, carentes ahora de función, se tapiaron y se construyó una escalera interior para acceder a la lámpara y otra de caracol exterior, que desemboca en el balcón superior y que queda oculta bajo un cilindro con remate troncocónico que le dio el característico perfil a la Torre y que sirvió para colocar el pararrayos.

Una vez más, en el diseño de este husillo se hizo un intento para integrarlo desde un punto de vista estético en el conjunto y para ello se buscó piedra de la misma calidad y color y, sobre todo, se decoró exteriormente con una banda helicoidal que evoca claramente la que recorre el cuerpo principal del propio faro.

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