Curiosidades

Datos curiosos

  • La Torre de Hércules es el único faro romano del mundo que desde sus orígenes hasta la actualidad continúa en funcionamiento.
  • Es el único faro romano del que conocemos el nombre del arquitecto-ingeniero que se encargó de su realización, Caio Sevio Lupo, que se perpetuó al dejarlo grabado en una inscripción conmemorativa dedicada al dios Marte Augusto, a los pies de su construcción.
  • Con sus aproximadamente 37,2 m de altura, la Torre de Hércules es uno de los edificios conservados más altos de los que conocemos de época romana, sólo comparable con algunas obras como la Columna Trajana.
  • En 1858, la reina Isabel II, acompañada de sus hijos, visitó A Coruña y el faro. Para la ocasión, según Tettamancy, se procedió al "embellecimiento" del interior del edificio que consistió en recubrir el aparejo de las paredes interiores con grandes lienzos de papel estampado y telas, disponiendo incluso tabiques de barrotillo en la planta baja y falsos techos para ocultar las bóvedas.
  • La restauración de Giannini fue considerada una de las grandes realizaciones de la ingeniería española de la época, por eso el Gobierno decidió presentar una maqueta del faro a la Exposición Universal de París de 1867 y de Viena de 1873.

La vinculación de la Torre al Arte

Tanto en el arte como en la literatura, la Torre de Hércules dejó su impronta. Son dignos de destacar los grabados de Luís Seoane, los paisajes inquietantes de Urbano Lugrís, siempre presididos por la Torre, o las vistas un tanto subjetivas de Francisco Llorens, Francisco Fernández Moratinos o de Alejandro González Pascual, sin olvidar las panorámicas de Ferrant. Pero sin duda, el artista que ha dado una versión más libre y más sugerente de la Torre ha sido Pablo Ruiz Picasso, el cual cuando todavía estaba descubriendo los secretos de la pintura, durante los años que vivió junto a su familia en A Coruña, pintó varios óleos de la Torre y un dibujo en el que la transforma en una sugerente "torre de caramelo".

La vinculación de la Torre a la Literatura

Los testimonios literarios son de gran interés, destacan los artículos de Emilia Pardo Bazán, los cuentos de Wenceslao Fernández Flórez, los sainetes de Linares Rivas o los poemas de Amor Meilán y de Emiliano Balas.

En ese contexto, el faro es la luz que orienta el camino y que conduce a puerto, es la imagen del regreso, de la feliz singladura, y por eso se convirtió en un símbolo, en un icono que pasó a formar parte de la memoria colectiva de nuestra sociedad. Así, cuando a finales del siglo XIX y principios del XX los barcos transoceánicos cargados de la emigración gallega, camino de Latinoamérica, zarpaban del puerto de A Coruña y enfilaban la bocana camino del Nuevo Mundo, al pasar junto a la Torre aminoraban las máquinas de los vapores y hacían sonar sus sirenas por tres veces, en un ritual amargo y emotivo de despedida. Era el último adiós ante el faro, símbolo de la tierra que dejaban atrás, para todos esos hombres y mujeres que cargados de ilusión abandonaban su tierra en aras de un futuro mejor.

Pero estos emigrantes gallegos, enraizados a esa tierra en la que nacieron, llevaron en sus ligeros equipajes la imagen de la Torre de Hércules, que empezó a brillar de nuevo con fuerza desde el otro extremo del océano gracias a los artículos que los intelectuales publicaron en revistas de la emigración1. No hay una sola de ellas que entre 1890 y 1960 no cuente con un artículo dedicado a la Torre, en donde la morriña y la saudade se hacen evidentes.